miércoles, 12 de septiembre de 2007


¿ Cómo explicar que no me puedo explicar?
¿Cómo creer que ya no creo en nada?
¿Cómo?

Tú (o poema en prosa desvirgado por el rechinar de aludes)-5ªparte-.

Cada minuto resuenan las campanas del pueblo de mi habitación.

Golpe a golpe el tedio se apodera de los rostros que aún sueñan con soñar.

Sinatra alza la voz de la tumba sin que sus pulmones consigan respirar.

Nada es un todo que mañana no despertará.

Deprisa, corriendo: “primer pensamiento, mejor pensamiento” dice Ginsberg mientras acaricia el torso desnudo del maniquí que hay en la puerta trasera de un local de alterne en pleno centro de Zurich. Sentado en una acera los trovadores abren sus paraguas para protegerse del canto de sirenas. Un anciano da la mano a un saltamontes que acaba de asesinar a un supermercado. Las alucinaciones de los peces discuten con teclados de ordenador.

Silencio habla a los mendigos sobre el Apocalipsis Final.

Un rinoceronte comienza a maullar.

Despacio, esquivando: “loco estás de tantos locos como lees”, dices Tú tras la máscara de gas. No quedan aceras sobre las que arrastrar mis entrañas: las hiciste desaparecer a golpe de TIMÓN. Callas como callando arrebatando esperanzas, miedos y toda clase de productos pasterizados rebajados en el bazar de Tetuán. No recoges las cenizas que dejan el canto de las aves al pasar.

Cansado de bailar sin lluvia.

“No te preocupes, princesa, eres el último pensamiento de mis noches”.

¿Qué? ¿no oyes, poeta suicida? Es tu vacío el que llama a la puerta de tu casa.

“Toc, toc”

“¿quién es?”

“Soy yo”, dices Tú.

“¿Por qué no eres Ayer?”, pregunto nervioso.

“Porque ahora soy Hoy”

“¿Y qué es Hoy?”

(No se oye un alma)

“¿Y qué es Hoy?”, repito intranquilo

(Continúa el silencio)

Te quiero porque Hoy es Ayer, así como Tú sigues siendo Tú.

lunes, 2 de julio de 2007


¿Quién es capaz de relatar en tan sólo 615 palabras un año estudiantil/universitario/de futuros trabajadores sociales? La respuesta es fácil: Ohkan.
Yo, siendo más humilde pero también con cierto aire de envidia me dispongo a realizar ( no igualar ni en palabras ni en profundidad) la hazaña cometida por mi amiguito de los ojos de ángel.
Allá voy:
Día 1 (2 de octubre de 2006):
el aire de septiembre brotaba agobiante entre las colinas del valle de Somosaguas. Los jóvenes iban y venían. Sonrientes algunos, melancólicos los novatos. Entre los últimos se hallaba el servidor que ahora escribe. La primera clase: interculturalidad. Una mujer con el cabello alborotado, quizás por la locura que puebla su mente o quizás por desconocimiento del maravilloso invento llamado peine, nos daba la bienvenida a aquellos novatos que nos mirabamos de soslayo buscando una complicidad que en ese momento, evidentemente, lejos estaba de surgir. Acabada la clase me dirigí a las escaleras de la calle a comer mi sandwich. Frente a mi, un joven con barba de cinco días miraba al suelo: Rodrigo (burgales de sentimiento, gay en sus ratos libres y buena persona cuando nadie le mira). En ese momento pensé "este debe ser majo, debería acercarme a él y hablar un rato que para algo somos compañeros de clase". Naturalmente, seguí comiendo y desistí de mi intención de hablarle. Más tarde llegaríamos a ser del mismo grupo de amigos.
Las horas pasaban ( y así las clases) y yo (para empezar bien el año) no fuí a derecho y sí a la cafeteria con Aianara y sus amigos. En la hora siguiente, tuve que pedir las notas que habían tomado en la clase de derecho: mi primer contacto humano, Aleida ( más loca que una cabra, liante, da consejos de los que no se debe fiar nadie pero una persona que te quiere y que a pesar de su locura actúa de buen corazón).
El día acabó y dios!!!! que largo fue!!!!!.
Día 2 (3 de octubre de 2006):
las cosas empezaban mejor que el día anterior: Aleida me decía que me sentase con ella en la primera fila y Agustín me hablaba (ahí estaba yo hablando sobre nada con gente de mi edad). Parecía que todo iba bien pero lo bueno siempre acaba. El fin se llamaba Juan David (más raro que un perro verde, a veces sumamente pesado pero en el fondo una gran persona que se preocupa por todos). Él me miró fijamente mientras hablaba con Agustín y me dijo "me suena tu cara", yo pensé "Dios, es el bartolo, tiene la misma cara que cuando era pequeño, por dios que no me reconozca", y entonces dijo " Si tu eres Bobis", "Mierda, ya me ha reconocido, por qué todo me pasa a mi" pensé. Realmente no fue para tanto porque después de ese encontronazo inesperado no me hizo mucho caso lo cual agradecí aunque ahora (aunque algunos dirán que estoy loco) agradezco que las cosas cambiasen.
El día se acabó y poco más hay que contar.
Los días posteriores y el resumen del resto del curso:
Las cosas poco a poco van variando y realmente llega un punto en que no sabes como conoces a la gente y aún menos que es lo que hace que te acabes juntando con una gente y no con otra. Un asunto extraño. De repente un día me vi juntando con Tamara ( qué buena está y seguro que es una chica muy curiosa, pensé), Soraya (no paraba de hablar) , Nacho (no paraba de callar), Juan David (no paraba de decir tonterias), Aleida (no paraba de estar tan loca), Rodrigo y Cristina (¡menudos golfillos!), Josefina (una argentina que tiene mucho que decir) y Carol (puro carácter pero a pesar de eso un verdadero sol). Las tardes pasaban (sobre todo con los primeros mencionados) entre cocacolas, mis tes americanos, las cervezas de Rodri y algún porrillo de vez en cuando. Al final entre fiestas, risas, horas eternas en la sala de al lado de la cafetería, esos compañeros de facultad se han convertido en algo más que en compañeros y alguna en algo más que en un amiga.
A pesar de las movidas que he pasado ultimamente, el balance sólo puede ser de maravilloso y inolvidable.
Gracias a todos por ser como sois, gracias desde el corazón
David

lunes, 18 de junio de 2007

Texto defintivo de una alternativa al suicidio


Sabe el asfalto
que poco o nada
sabe de los pasos.
Las ruinas arruinadas
por hombres descarados.
Hombres y tan sólo ellos;
hombres.


Cada leproso tiene su miembro más preciado. Lo mima y lame con sumo aprecio esperando el milagro de sanar. Al tiempo, antes o después, éste se desprenderá de su cuerpo mutilado de llagas. Otro miembro repondrá la pérdida, no física sino afectiva. Lo mimará, lo lamerá y volverá a caer. Todo cae. No hay imperio que perdure. Grecia, Roma, España: profunda basura mediterránea. ¿Por qué entonces se puede esperar el milagro de la salud? Acaso, ¿un leproso es más poderoso que un imperio? Quizás Marx o cualquier incompetente utópico pensase así pero ¿puede vivir lo que muere constantemente?

Cuando los caminos se entrecruzan el tedio y el desprecio afloran; el deseo de besar en los labios a todos los viajeros sin destino que encuentras en el metro. Viejos, putas, monjas, jóvenes disformes: a cada cual más repulsivo.
Nada hay más indecente que un humano frente a los ojos de quien ya nada siente (ni nihilista es). ¿Cuántos caminos quedan por recorrer para que la vida diga no a la existencia? ¿Cien, mil? ¿Importa la cifra?

¿Qué importa?

El capital, el sexo, la mercancía que rodea esta sala: estúpidos neoliberales.
El arte, la libertad y el jazz, la copa de vino sobre la mesa y una frase que se desprende de los labios de una joven con la boina caída hacia un lado: bastardos “artistas”, “progresitas”, analfabetos de todo.

Cada cual a lo suyo.
El tiempo lo enseña todo…
menos morir con dignidad.

jueves, 10 de mayo de 2007


Seamos francos:
quien haya pasado por los 17 años y ya haga tiempo de esto (dios mío!, qué rápida pasa la vida) podrá estar de acuerdo en que no es una época muy gloriosa y puestos a sincerarnos incluso vergonzosa de recordar.
Escapadas de casa, el hachís y el botellón, revoluciones de taberna que entre cigarro y cigarro lo llevabas a la práctica ante un grupo de antidisturbios cabreados que corrían detrás tuya con sus porras y disparando sus pelotas de goma y en el peor de los casos te recogían tus datos mientras te devolvían una mirada asesina (madre mía! estoy fichado!!!!y varias veces!!!!:antes sonaba más romántico decirlo), conciertos de punk en viejas casas okupadas que con el tiempo fueron desalojadas, Eskorbuto y Larsen (ahora los más jovenes escuchan cosas como Macaco o Canteca de Macao), algún acto vandálico contra las marquesinas de la RENFE y mil historias más.
Sin lugar a dudas lo que nunca se me borrará de la retina son aquellas locas lecturas que hice de la generación beat ( Allan Ginsberg, Jack Kerouak) mientras escuchaba las letras de Bob Dylan y el jazz de Ch.Parker y poco después el gran narradaror del asco y el odio más animal: Charles Bukowski. Eso sí que marca a cualquiera.
Pensandolo bien, no me arrepiento de todo. Al menos de esto último,no.

Ahora un cuento inacabado de esa época tan extraña. No sean muy críticos. 17 años los tiene cualquiera.

ESPEJISMO HACIA LA NADA

- ¿Dónde está la felicidad?-.

- Fuera. Fuera de estas cuatro paredes que nos encierran, fuera de esta vida a la que te he llevado… fuera de mí- exhaló Gonzalo en un derroche de clarividencia junto al frágil hilo de vida que se sostenía por las máquinas que le postraban en aquella vetusta camilla de hospital.

- Quién demonios crees eres. He perdido quince años de mi vida observando como te consumías en la miseria, robando para conseguirte la dosis necesaria para creerte persona y ahora…- gritó Lorena- me hablas como si todo lo que he luchado por ti haya sido en vano, como si mi única victoria sea este momento en el que la muerte te acecha.

- Así es. Esta es tu victoria y mi derrota- sonrió mostrando sus desdeñados dientes que junto a su grasienta melena negra le proferían una escabrosa apariencia-. Perdóname…- suspiró entre dos linfocitos T CD4 que agonizaban en la trinchera de la desesperación-.

“Sólo un latido de corazón.

Uno más…”

Corroído de odio y morfina la parca embistió hacia su pecho parándole el latido de su corazón e incrustando en el de Lorena tantas espinas como días pasó en su compañía.

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El tiempo pasaba raudo como en aquellas viejas películas de los años sesenta donde el director de turno aspiraba a convencer al espectador del paso del tiempo mediante una sucesión de imágenes a una velocidad mayor de la normal. A Lorena siempre le habían hecho reír esas escenas, ora por la inocencia del director al plasmarlas en su metraje, ora por la ordinariez del espectador al creérselas. A muy pesar suyo, su sonrisa se había desvanecido de su rostro e incluso había olvidado si la muerte de Gonzalo había sido dos meses atrás o quizás dos años. Y es que el tiempo pasa muy deprisa.

De una manera casi inconsciente iba cada día a la peluquería a cortar, lavar, peinar, teñir… los harapientos cabellos de las cincuentonas que dedicaban su estancia allí para tratar los irrelevantes sucesos que habían ocurrido en la vida de sus convecinos: “el embarazo de la hija de la vecina de la calle número tres que con tan sólo quince años ya bien había sido desvirgada por un joven de la misma edad cuyo padre maltrataba a su esposa después de su salida diaria al bar de enfrente donde el camarero de éste mantenía relaciones con la panadera…”

Trece años asediada por las mismas historias pero con la diferencia de que en el pasado Gonzalo la recibía cada tarde en el parque con esa sucia sonrisa de heroinómano y sus ojos de ángel. Ahora seguía viéndole, empero, sólo en el reflejo de la fotografía de su habitación, la cual le recordaba la frase con la que se despidió: “esta es tu victoria y mi derrota”.

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Se acariciaba el pelo. Mientras observaba el televisor sin ni siquiera saber el qué estaba viendo.

- Con diecisiete años era todo más sencillo. El empleo era algo aún muy lejano y sólo importaba usar protección a la hora de acostarse con un chico. Todo daba igual. Lo importante eras tú y los demás podían irse al carajo: tus padres, los amigos…todos .Pero ahora no. Cada instante cuenta y el instante pasado hace determinar al instante presente el cual te determina el futuro. Y aquí estoy con treinta y cinco años y determinada por los instantáneos errores de mi adolescencia. Nada tiene sentido. La vida, la muerte…da igual, siempre es lo mismo…sufrimiento. Sufrimiento incesante pero necesario; necesario sin saber porqué pero necesario al fin y al cabo, pues el vacío de éste provoca un retorno al mismo pero aumentado hasta el infinito. ¿Qué importa que Gonzalo esté muerto? Era su destino y éste es el mío. Y ¿qué es el destino? Tan sólo la afirmación de lo que ha acontecido, la aprobación de nuestras faltas… pero no puedo engañarme, no puedo aceptar la perdida de lo que ha sido la parte más insufrible de esta dolorosa existencia… No puedo.

El olor a lluvia hacia presagiar una fuerte tormenta estival. En la calle, los árboles hacían revolotear sus ramas al compás del viento; la noche apremiaba. Lorena, sentada en el sofá, jugueteaba con su cabello, liso, limpio como una mañana de primavera, azabache como la caverna platónica, tan vivo y muerto a la vez.

El televisor proyectaba a un Sean Penn, que condenado a Cadena Perpetua, abrazaba a una católica Susan Sarandon, instantes antes de ser liquidado por una jeringa asesina.

- Hasta el más sórdido ser de este mundo alcanza a ser abrazado en el momento de su muerte. Asesinos, prostitutas, ricos y pobres…todos reciben ese regalo como despedida. Un regalo que no entiende de moral, que no entiende de decencia ni sentimientos. Un regalo sin trampa; puro. Sólo ese gesto logra que esta existencia se colme de sentido ante la vacuidad de todo lo vivido. ¿Por qué?, ¿por qué nadie se acordó de mí? Mi vida murió en una camilla de hospital junto a Gonzalo. Él que me robó mi flor siendo una cría me abandonó en el estanque de la libertad cuando los médicos nada podían hacer por él. Esa libertad resquebrajó mi alma en mil añicos sin que nadie me diese el último regalo de mi vida. Pero, quién, ¿quién hará que resucite de esta muerte en vida?... ¿Quién?

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- ¿Lorena Martín?- preguntó una señorita vestida con un feo traje color beige.

Ella levantó la vista en señal de asentimiento

- Buenas tardes, en un momento le atenderá el doctor.

Aún estando allí, dispuesta pero con claros síntomas de rubor, no recordaba con nitidez la razón que le había hecho decantarse por acudir a un consultorio psicológico. Había en el aire un cierto olor a timidez o quizás miseria; siempre suelen andar cogidas de la mano.

Los pacientes, no más de tres, miraban cabizbajos las revistas que habían cogido de una mesita situada en una esquina de la sala de espera, cautelosos, a su vez, de no ser descubiertos mirando de soslayo a otro. Lorena esbozaba una sonrisa mental, pensando que la situación de estar en una sala rodeado de locos era cuanto menos graciosa, pero a la par ese pensamiento se recubría de angustia al verse como una más.

- Es su turno- la enfermera había aparecido de golpe sin que ninguno de los pacientes la hubiera oído alguno de sus pasos-. Puede pasar.

La consulta poseía un aspecto desordenado, un armario entreabierto dejaba ver una pila de libros mal ordenados, cientos de papeles esparcidos por la mesa del psicólogo. Pero muy a pesar de este caos, la habitación profería el encanto de la armonía que se respira en un verde prado y una tranquilidad que presagiaba una apacible charla.

- Buenas tardes. Mi nombre es Elías- le tendió la mano para estrechársela con una clara sonrisa que se escondía bajo aquella poblada barba en el que las canas empezaban a hacer acto de presencia.- Siéntese- dijo amablemente.

A diferencia de lo que aparecen en las películas, sobre todo en las norteamericanas, aquel asiento no era ningún sillón de cuero en el que parece que en cualquier instante se va a poner a vibrar para dar un relajante masaje. Tan sólo una silla común y una mesa que les separaba.

- Buenas tardes

- Encantado. Dígame.

-No estoy muy segura… Ni siquiera se si quiero estar aquí.

- ¿Entonces…?

- He venido por mi propio pie. Nadie sabe que estoy en esta consulta, ni mi familia, ni mis amigos…nadie. Pero si me pregunta por qué estoy aquí no sabría qué responderle.

- ¿A qué le tiene miedo?-sonrió con ironía-.

- ¿Cómo? No le entiendo. Solamente le hablaba sobre la ignorancia de la gente que me rodea ante mi localización actual. De verás que no entiendo su pregunta- dijo en un tono cercano a la ofensa.

-Discúlpeme, puede que no me haya explicado bien. Usted me decía que nadie sabía dónde se encuentra ahora. Mi pregunta sobre sus temores viene de eso mismo que ha dicho. Está claro que el no explicarle a nadie que iba a venir aquí es producto de un temor. Por ejemplo, el tener que contar la razón que la hecho venir o quizás recordar aquella misma razón. Pero para eso se ha presentado aquí, ¿no? Sino es así, perdóneme, pero no logró entender sus razones para estar aquí.

Lorena, sentada con las piernas entrecruzadas, observaba a Elías ensimismadamente. Parecía un simplón sátiro, maleducado, engreído de toda esa barata sabiduría universitaria pero aún así sus palabras la habían desconcertado, no por su complejo argumento y cuidada deducción sino por todo lo contrario. La sencillez y simplicidad de sus palabras habían conseguido solucionar la duda que tenía sobre la razón de su estancia en la consulta. No hacía falta ser un erudito ni licenciado para llevar a cabo ese escueto estudio sobre su personalidad. Ella misma sabía la razón. Solamente la escondía por temor…

- ¿Cuál es la razón por la que una persona dedica su tiempo a escuchar problemas ajenos? ¿no tiene bastante con los suyos propios?- fusiló Lorena bajo un breve estiramiento de sus labios en búsqueda de una sonrisa-. No critico su labor, entiéndame bien, ni tampoco su valía como psicólogo que es. Todo lo contrario. Es admirable pero no comprendo cómo una persona puede soportar ver tantas miserias humanas sin derrumbarse nunca por éstas.

- Nada de lo que sucede alrededor es real. Todo es un conjunto de fantasías erigidas por una mente humana sobrenatural, por llamarlo de algún modo. Los sentimientos carecen de un fundamento científico. Las alegrías, las penas… cualquier palabra que haga referencia a esos inexistentes sentimientos no es capaz de derrumbar a la verdadera naturaleza humana.- sentenció Elías ante el desconcierto de una semi-boquiabierta muchacha-. Pero dejemos al lado las conversaciones científicas y metafísicas para otro momento… Dígame, ¿qué le sucede?

- Mi pareja o un amigo, no se bien cómo definirlo, murió hace unos dos meses- explicó Lorena-. Era drogadicto. No se… no puedo olvidarlo. Todo se convierte en oscuridad, ¡todo!; cada minuto que pasa siento como si una inmensa masa de mierda aplastase mi cabeza-sollozó dejando que las primeras gotas de lágrimas comenzaran a bañar sus marchitos ojos-. No me entien…-se ahogó en las flemas que se apoderaban de su garganta-.

Callado, Elías la escrutaba tras aquellos terribles ojos verdes.- Continúe-.

- Quizás… siempre esperé que ese día en que murió llegase. Hubo momentos en los que pedía que algo me separase de él; olvidarle, saberle muerto; pero no recuerdo un instante de mi vida sin que él estuviese presente. Lo pasamos todo juntos… Nada de lo que me ocurría se lo podía esconder o eso pensaba. Me conocía a la perfección o al menos durante un tiempo fue así. A veces pienso que la culpa de su muerte fue mía pero eso no es lo que me reconcome por las noches. Sea mi culpa o no, el hecho es que está muerto y eso es lo que hace que no logre conciliar el sueño, que me vea llorando, sola, mientras me ducho…

Elías miraba de soslayo hacia la ventana, parecía perdido entre las hojas de los árboles que podía divisar tras ésta. Las hojas con un color verdoso amarillento, movíanse ligeras entre las ramas. Algunas de éstas se las llevaba el viento y otras permanecían tambaleándose sobre la rama.

Sentado en su asiento y decidido a retomar la atención sobre la muchacha que tenía enfrente, volvió a mirarla, fijamente, olvidando las hojas tras la ventana. Tenía que ser sensato y atenderla aunque cierto era la indeferencia que le producía atender a aquella mujer o a un grupo de ostras gallegas.

Debía ser una de tantas hojitas borregueras que disentían a alzar el vuelo.

- … Como le he dicho, no le puedo olvidar y eso me mata. Todos los días… igual. Está en cada paso, en cada lágrima. Siempre. ¿Me entiende?

- Sí, la entiendo. Dice que tras su muerte usted no deja de pensar en él y que eso hace más amarga su existencia, ¿no? Bien- sacudió la cabeza mientras alzaba el rostro en busca del reloj que colgaba sobre la pared de la habitación- continuaremos el próximo día. Ya es la hora.

- Muy bien… gracias. Gracias por escucharme- dijo con la voz palpitante-.

- El jueves próximo la veré, entonces. A la misma hora.

Lorena salió apresurada de la sala, tenía que recoger la ropa del tendedero. Había comenzado a chispear.

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Cabizbajo sobre la gran jungla de folios plagados de notas sinsentido, Elías musitaba palabras incomprensibles incluso para él. No tenía prisa alguna en llegar a casa. Estaría sólo como de costumbre o más bien acompañado, si es que compañía se le puede llamar a un gato anoréxico y a un póster de Rita Hayworth que colgaba sobre su habitación desde que se trasladó a aquel edificio cuando se licenció.

Pocas cosas le habían ido bien, desde el punto de vista personal. Ninguna mujer se le había acercado en muchos años y aunque sexualmente estaba curado de espantos, ya poco o nada le importaba introducir sus genitales en la entrepierna de una hembra. Ese calor y jugosidad de las vaginas, esa ternura de los pechos de una mujer carecían de importancia para él. Qué importaba no usar su miembro; tenía a sus pacientes y una pluma que le ayudaba a retratar sobre papel sus ideas sobre la naturaleza, si es que se puede hablar de naturaleza respecto a los humanos. Cada nota que escribía únicamente sería leída por él, en tanto que ésta fuese recuperada bajo los escombros que poblaban su mesa de trabajo:

La soledad sólo posee algún tinte de sentido cuando ésta se convierte en la embaucadora de todo pensamiento humano, ocupando cada célula de la persona, creando mareas que suben y bajan, incesantemente, sobre la conciencia. Entonces, sí se puede hablar de soledad; mientras tanto, todo lo que se define como tal, es tan solo un espejismo de la soledad pura; un espejismo hacia la nada.

La calle seguía impregnándose de gotas de lluvia a pasos agigantados. No tenía razón alguna para salir de allí y empaparse los vaqueros, aunque mirándolo desde otro punto, tampoco había mucho que hacer en ese cuartucho. Y es que mojarse los pantalones puede ser sinónimo de enfermedad, pero el bulto que le empezaba a asomar por la entrepierna era el recuerdo de su humanidad y eso, desde luego, era mucho peor que un simple resfriado.

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Los antiguos latinos escribieron grandes frases para pasar a la posteridad. Frases que la gente sigue utilizando para referirse a determinadas situaciones o hechos. Frases que mirándolo desde la objetividad han perdido todo su valor. El latín, el griego clásico, hasta el original euskera han muerto. No existen; y sus frases ya no tienen ningún valor. Mens sana in corpore sano es tan sólo una mentira con la que los maestros de educación física nos intentaban embaucar. La madurez hace que te percates de la insolente necedad de los proverbios clásicos. Ya nada es como era; mens sana in corpore sano ha variado; todo torna. Lo que fue, ya no es. Corpus sanus: mens volatis; eso es el Hoy.

La bicicleta estática del gimnasio corría a gran velocidad. Sobre su asiento, Lorena pedaleaba con más intensidad de la que sus piernas podían soportar. Tampoco eso le afectaba mucho; un par de días con unos dolores asesinos y la vida seguiría su curso.

El top que llevaba se le ajustaba a los pechos, descubriendo unos prominentes pezones, las mallas a su sudoroso coño. Siempre había sabido vestir para los determinados acontecimientos que depara el día a día.

Allí todo era perfecto: esculturales hombres tonificaban sus músculos, las viejas jubiladas se colocaban extravagantes gorros de baño para zambullirse en la piscina olímpica e intentar no ahogarse, a favor de sus grasas… Todo perfectamente justo. Cada uno estaba en el lugar donde le correspondía. Los fuertes fortaleciéndose, los débiles ahogándose.

Empapada de sudor, marchó a la zona de vestuarios; una ducha rápida para aliviar el cansancio y desprenderse de la secreción que emanaba de su cuerpo.

El agua de la alcachofa caía con gran fuerza y sus miembros eran masajeados por esa gran potencia. Gonzalo también poseía esa potencia viril que hipnotizaba a Lorena. Tiempo atrás, antes de que los picos de caballo comenzaran a ensombrecer sus brazos y su rostro, él destacaba por su escultural físico entre todos los jóvenes del barrio. Puede que hubiera llegado a ser un eminente modelo y que las más importantes pasarelas del mundo vieran sus exquisitos andares pero la realidad es bastamente distinta. El barrio no ofrecía muchas oportunidades a sus habitantes, quizás sólo para algunos que con esfuerzo escapaban de sus garras, sin embargo las salidas más frecuentes se disputaban entre los talleres de mecánica y la industria de la construcción. Nada que ver con Milán o París.

Carabanchel, barrio obrero y ruinoso por excelencia, brindaba otra cara de la moneda perfectamente visible para todos. Aún así, volcar una moneda hacia el otro lado sólo conlleva el uso de escasos músculos. Las calles pobremente pavimentadas, los endebles edificios de ladrillo, tiendas, algunos mercados tenían esa apariencia de pueblo semi-abandonado. Nada allí parecía destinado a un futuro mejor.

El 13 de febrero de 1987, Lorena y Gonzalo cumplieron un año como novios o así le gustaba a ella referirse ante sus amigas. Se conocieron en el instituto el año anterior

; él la miró y ella sonrió. Amor a primera vista, comentaban las cotorras de clase. Ese día cayó en viernes. Sólo una mente perversa haría alusión, en un caso así, al famoso psicokiller pero, pasados algunos años, Lorena compararía a la famosa saga con ese aniversario.

Las clases terminaron a eso de las dos y media. Todos los viernes el grupo de amigos de Lorena y Gonzalo se quedaban a tomar unas cervezas en el bar El Machaca, una especie de taberna de los bajos fondos de la mafiosa Sicilia. Ese día, Gonzalo estaba sólo en casa. Sus padres se habían ido a pasar el día a la sierra de Madrid. Los dos fueron allí. Eran perfectamente conscientes de lo que iba a ocurrir aquella tarde.

Él la besó nada más cerrar la puerta tras de sí, apasionada o quizás lascivamente (tampoco se pude diferenciar con exactitud ambos términos); ella, agarrándole con fuerza de los bolsillos traseros de su pantalón le arrastró hacia la cama de la habitación de los padres del muchacho. Su almeja se abría y comenzaba a gotear el amargo néctar que sus compañeros de clase y los viejos pederastas ansiaban beber como si de una fuente que concediese la vida eterna se tratase. Desgraciadamente, para los granos de pus adolescentes de sus compañeros y para las arrugadas vergas de los viejos necesitados de amor, no eran ellos los que lo iban a probar.

Violentamente se empezaron a desnudar recíprocamente. Las camisetas y el sostén. Los pezones se erguían y un escalofrío invadía los genitales de ambos. La polla de Gonzalo, erecta (y pequeña) como un bloque de hormigón, se debatía en la ansiosa búsqueda de un agujero donde introducir todas las ansiedades que le afligían su barriobajero alma.

Ya desnudos, ella, reposando su cabeza sobre sus muslos, le amarró el rabo con fuerza, llevándosela hacia su boca para lamerla mientras cogía con la zurda la mano del joven para que uno de sus dedos lo introdujese en su coño; sacando y metiéndoselo. La lengua de la chica se revolvía con ligereza sobre el glande de Gonzalo, con fuertes chupadas, comprimiendo los labios sobre su miembro. La vagina de Lorena parecía un lago a punto de desbordarse; el dedo índice del chico se deslizaba entre sus labios vaginales. Pronto, la polla de Gonzalo cambió de ubicación y se la metió.

Lorena se deslizaba sobre él. Sentía sus pelotas rebotando en su culo y sus pechos chocándose con el suyo. Las manos sobre el trasero de la muchacha, la golpeaba levemente provocando profundos suspiros. La concha se apretaba, duramente.

Gritos.

Placer.

Ella se movía rápido, saltaba, botaba; más y más; una cow girl sobre su bravo caballo.

De pronto él la sacó, la boca de Lorena se acercó y allí, sobre aquel pozo sin fondo, pintó de blanco su rostro; ella se relamía y recogía con la mano los borbotones de semen a los que no alcanzaba con su lengua.

Terminada la acción de sumisión, Lorena se tumbó boca arriba abriendo ampliamente sus piernas para que Gonzalo lamiese su vulva.

Sólo hizo falta cinco minutos para que Lorena se corriese fuertemente sobre la boca de Gonzalo.

Un profundo suspiro de goce.

Y después, el éxtasis del abrazo eterno.

Fue un placentero sueño, pensó la joven. Se sentía en un paraíso del relax.

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A eso de las ocho de la tarde marcharon al parque. Allí les esperaban sus amigos entre risas burlonas y botellas de alcohol. Las chicas se acercaron a Lorena, los chicos a Gonzalo. Era bastante evidente de donde venían y que habían hecho. Sólo exigían los detalles. Por un lado las preguntas de tipo ¿y te dolió?, por otro ¿hasta dónde se dejó? Cada subgrupo estaba dividido en dos bancos, a uno treinta metros de distancia el uno del otro. Marcada la una y cuarto de la madrugada en el reloj Casio de Lorena, se fue a acercar al otro subgrupo. En cuarto de hora debía estar de vuelta a casa, de lo contrario, su padre la molería a guantazos.

Los chicos estaban de pie, rodeando el banco. Riéndose. Seguramente, alguno de los que quedaban sentados comentaba alguna gilipollez o hacían simplemente el imbécil. Apartando y abriéndose camino entre ellos, vio que la gilipollez o imbecilidad (según decida llamarlo cada uno) era una aguja en el brazo de Gonzalo y un rostro de bufón para aumentar la carcajada de sus compadres.

Lorena salió disparada de allí, corriendo hacia su piso.

Puede que Jason de Viernes 13 no estuviera persiguiéndola para asestarla un navajazo en la espalda, pero lo cierto era que Gonzalo, en ese viernes 13 le había asestado el peor navajazo a su alma, con una jeringa cargada de heroína.

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El reloj marcaba la una y media de la madrugada. Estaba por fin en casa, a salvo de toda la mierda que rodea las calles de Madrid.

Elías musitaba entre los labios una vieja canción de Los Secretos que se le había fijado a la mente durante su estancia en aquel pub de la plaza de Santa Ana. Lucía, una ex novia de su época de universitario, había vuelto a la ciudad después de varios años viviendo en León.

Según su versión de los hechos acaecidos en aquella legio VII romana, se casó, aspiró a tener hijos, busco la felicidad y, finalmente, intentó cerrar los ojos cuando encontró a su marido comiéndole el coño a una fulana en su lecho conyugal. Toda una experiencia de vida, desde luego.

Después de un par de años, sólo e incomunicado de toda relación humana, fuera del ámbito del trabajo, Elías por fin lograba entablar una conversación con alguien. No importaba tanto el quién sino el cómo, aunque mirándolo objetivamente, una mujer cuarentona y separada no era la compañía más deseada para un semi-anacoreta, pues bien es sabido que la hembra humana es insufrible cuando llega a cierta edad y no tiene la compañía de varón alguno. No obstante, el macho humano sigue unos parámetros similares al de la hembra, añadiéndose a los anteriores, el morbo por la carne virginal y, en algunos casos, la búsqueda de ciertas prácticas sadomasoquistas.

Lucía, a pesar de todo, tampoco llegaba a representar claramente esa evolución estándar que sufren las mujeres al divorciarse de sus maridos. El pelo corto y las gafas rectangulares le proferían una cierta apariencia de lesbiana mística con ciertos matices de progresismo pseudo socialista; la camiseta a rayas, ancha pero dejando entrever que sus pechos aún no se habían sometido a la ley newtoniana, se compenetraba perfectamente con esos vaqueros ya desgastados y las zapatillas, al buen estilo londines, Converse.

Profesionalmente no le había ido demasiado mal. Terminada su licenciatura en psicología, marchó hacia Barcelona a especializarse en criminología y, posteriormente, aprobó unas oposiciones con las que logró entrar en el cuerpo nacional de policía donde conoció al que acabaría desposándola. Desde una perspectiva fría y racional, su empleo como policía era harto agradable para cualquier ser humano: caminar por la calle y que todos los civiles te respeten, gracias a tu bendita pistola, es algo que muchos no pueden decir. En cambio, el uso que le daba su esposo a su pistola era bien distinto al que ella podía esperar, a diferencia de él, que bien podía pensar que su arma debía estar siempre bien guardada entre las piernas de alguna mujer. Poco después, Lucía exigió un cambio de destino a su superior más inmediato. Madrid volvería a ver sus pasos.

Las conversaciones tras años de distancia nunca son agradables pensaba Elías. Sin duda lo detestaba. A pesar de ello, volvió a aceptar una segunda cita. No importaba mucho el tema que tratasen. Seguramente continuarían conversando sobre sus vidas y el pasado en común. Algo con lo que matar el tiempo mientras se encaminaban hacia el fin de sus vidas.

No se miró mucho en el espejo antes de salir de casa. En un principio le surgió la idea de ponerse la corbata que sus padres le regalaron el pasado cumpleaños, sin embargo la idea duró poco. Unas gotas de colonia barata y una camisa de Zara entonarían a la perfección con el lugar al que iban; nada del otro mundo; un italiano de barrio que si bien trataba de tener un encanto aburguesado lo perdía todo cuando se te acercaba un camarero con la camisa mal abrochada o cuando la visualización de la carta de vinos radicaba en la visualización de tan sólo tres jodidos tipos de vino.

- Bonita camisa- dijo Lucía sentándose frente a la mesa - se nota que aún sabes vestir con encanto.

- Es una baratija. No merece la pena vestirse bien para venir a un sitio como este.

- También se nota que mantienes esa brusquedad ante cualquier situación. ¿Qué te pasa? No sabes que el respeto a una dama es inamovible- rió, irónica, en busca de un cambio de actitud de Elías-.

- Tú no eres, precisamente, lo que se llama una dama. Mírate. Además, qué cojones importa la amabilidad cuando se es sincero-su mirada reflejaba un odio pendiente de un hilo-.

- A ti nunca te ha importado nada. Eres un jodido amargado. Siempre lo has sido. Incluso cuando éramos novios. Te vitoreabas antes los compañeros de la facultad cuando explicabas tus estúpidas teorías filosóficas, creyéndote superior a cualquiera, dejándome en evidencia a la mínima de cambio. Sigues siendo el mismo engreído de siempre pero con menos pelo y más barriga.

- ¿Cómo?-soltó una carcajada- interesante teoría la tuya. ¿Cuántos años han pasado desde que acabamos la carrera? ¿diez?, ¿quince?- reía sarcásticamente- Todavía me vienes con rencores de hace más de una década. Pero, ¿quién te has creído? Después de tantos años sin saber de ti, apareces y me llamas por teléfono para que nos veamos. Me cuentas que tu marido te ha dejado por un chocho más joven e intentas que te consuele y con suerte te lleve a mi casa y te folle toda la noche para así saciar tu sed de sexo. Tan sólo eres una puta solitaria que necesita una polla que llevarse a la boca. Así que no me vengas con gilipolleces sobre si yo soy o dejo de ser de una forma u otra. Mírate al espejo y verás que no eres mucho mejor que yo, ¡puta!

El camarero, cercano a la mesa, agudizaba el oído para así descubrir de qué hablaban y ver si era factible el acercarse a esa mesa que zozobraba de resentimientos.

- Tráigame un Martini con lima- alzó la voz Lucía-.

- Otro para mí también

- Así que era eso, ¿no? Eso es lo que pensabas que intentaba hacer. Quedar contigo y después echar un polvo de una noche y ya está. ¡Eres increíble! Parece que no me hayas conocido. Nunca he buscado eso en nadie. Siempre he sido afable contigo y tú… tú siempre igual de estúpido. ¿No te das cuenta? Todavía me importas. Aún pienso en ti. El tiempo ha pasado y continúo recordándote cada día. En cambio, tú, jodido amargado, piensas que la gente que te rodea es tan solo una marioneta, algo manejable y predecible… No tenía que haber venido…pensé que habrías cambiado pero…

- ¿Cómo?-intentó buscar la sonrisa pero no la encontró- Mira, perdona. No te debí hablar en ese tono. Ha pasado mucho tiempo, no tengo muchos amigos…

- No tienes ninguno.

- Vale, ninguno- la duda o quién sabe el que, acechaban a Elías. Hacia tiempo que nadie le atacaba de tal forma. Siempre duro ante cualquier situación y ahora una mujer le desmoronaba su gran castillo de palillos. Ella podía haberse pasado toda la noche insultándole, arremetiendo contra él y ningún palillo se habría ni siquiera tambaleado pero esto era distinto. La puñalada que le había asestado no era nada que pudiera haber esperado-.

- ¿No dices nada? ¿Te has quedado mudo…?

- Perdona, será mejor que me vaya. Llámame, hablaremos otro día. Ahora…tengo cosas que hacer. Adiós.

Marzo de 2003



miércoles, 9 de mayo de 2007


La tormenta acecha mi cuarto,

las infestas palomas se posan en mi lecho,

y yo, abatido, sueño en mi muerte en una tarde de verano.


Breve óleo de un suicidio

Sus pies colgaban por fuera de una ventana de un noveno piso. Miraba a la oscuridad y pensaba en la crueldad de éste mundo. Un acerbado mundo de cuitas. Y gentes... gentes pérfidas que emponzoñaban el aire con su protervia.

Y allí...observando lo vacuo de la calle, saltó.

Él la miraba; nervioso. Rozaba la blancura de su piel desnuda, penetraba entre las olas de su pelo. Ella le miraba; tranquila. Con sus labios empapados en miel, llenaba de algazaras su yerma alma.

Se amaban.

Vagabundeando el uno en la esencia del otro, se fundieron en una quimera común. Descubrieron parajes insondables, donde corrieron y danzaron, en el éxtasis de sus cuerpos.

Ya, llegado el alba, acurrucados, ella le buscó la mirada y en el cuello le susurró un te quiero. Él, con una caricia sobre sus pechos, le aseveró la libertad.

Caía; deprisa; pocos metros faltaban para lograr su añorada muerte. Y entonces... un leve reír arañó su efigie.


Realizado en enero de 2002

jueves, 3 de mayo de 2007


Salgamos a la calle que tengo frío de tanta cordura:
Un beso en tu mejilla por cada pensamiento que robaste.
Un beso en tu cuello por el día en que me odiaste.
Un beso, sólo un beso, en mi boca por las esperanzas que dejamos en el camino.

TÚ (O POEMA EN PROSA TRANSREALISTA CON UN CUCHILLO ACECHANDO ENTRE MIS GENITALES)

Soñé que anoche no soñé contigo. No importa. Nada importa. Te veo reflejada en mi mente siempre que lo deseo. No me quieres o sí, quién sabe, qué importa.

Poca importa ante la ausencia de sentimientos; cuando la muerte extirpa los intestinos de mi cuerpo. Tú eres la que me asesina en el momento en que tus ojos se fijan en los míos… y los apartas rápidamente evitando ese algo desconocido. Y yo sonrío. Sólo sonrío como un verdadero imbécil, como un payaso que nunca se atreve a salir al ruedo.

Solamente sonrío y gasto bromas baratas. Qué estúpido soy.

¿¡¿¡¿¡DIOS?!?!?!:

Eres como una botella de tequila vacía. La ansío pero no hay nada que llevarse al gaznate. Y yo requiero embriagarme en tus mil aromas. ¡Lo necesito! Tu cuerpo, desnudo, vestido o cubierto de excrementos, pero lo quiero. Tu sexo, desconocido. Tus pechos de niña que nunca acariciaré. Son míos como la desconocida libertad de la que hablan los reos es sólo suya…

¿¡¿¡¿EXISTENCIALISMO?!?!?!:

Soy como un suicida temeroso de su propia muerte. Asustado de todo lo que me rodea. No soy tequila, ni lleno ni vacío. Solamente vino de dos libras del barrio chino de Londres. Bajos fondos. Odio. Asco. ¿En las Vegas?, no; frente a mi computadora. Un teclado ingrávido ante mis estremecimientos. Debe ser que al final las máquinas no son tan fantásticas como dicen los científicos. ¿Soy teclado? Puede ser que lo sea. Y ¿tú qué? ¿Te acuerdas cuando no fuimos a París, New York, al fin del mundo?

¿¡¿¡¿TÚ?!?!?!?

Quiero follarte el alma,

Pasear entre tu pelo,

Venderme por un trago de tu saliva,

Volverme cadáver entre tus piernas.

Cinco, ocho, veinte, tres,

Eres matemática.

Esdrújula, predicado, tilde, preposición,

Eres Lenguaje.

Sueño, tempestad, libertad, perfume,

Eres tú.

miércoles, 2 de mayo de 2007


Todo empieza y todo acaba, sobre todo la tableta de chocolate que me espera en la nevera.
Hoy no me siento muy allá. Por esta razón les dejo con un poema del gran Michel Houellebecq(la versión original y la traducida)


L'amour, l'amour

Dans un ciné porno, des retraités poussifs
Contemplaient, sans y croire,
Les ébats mal filmés de deux couples lascifs ;
Il n'y avait pas d'histoire.

Et voilà, me disais-je, le visage de l'amour,
L'authentique visage.
Certains sont séduisants ; ils séduisent toujours,
Et les autres surnagent.

Il n'y a pas de destin ni de fidélité,
Mais des corps qui s'attirent.
Sans nul attachement et surtout sans pitié,
On joue et on déchire.

Certains sont séduisants et partant très aimés ;
Ils connaîtront l'orgasme.
Mais tant d'autres sont las et n'ont rien à cacher,
Même plus de fantasmes ;

Juste une solitude aggravée par la joie
Impudique des femmes ;
Juste une certitude : "Cela n'est pas pour moi",
Un obscur petit drame.

Ils mourront c'est certain un peu désabusés,
Sans illusions lyriques ;
Ils pratiqueront à fond l'art de se mépriser ;
Ce sera mécanique.

Je m'adresse à tous ceux qu'on n'a jamais aimés,
Qui n'ont jamais su plaire ;
Je m'adresse aux absents du sexe libéré,
Du plaisir ordinaire.

Ne craignez rien, amis, votre perte est minime :
Nul part l'amour n'existe.
C'est juste un jeu cruel dont vous êtes les victimes ;
Un jeu de spécialistes.

El amor, el amor

En una sala porno, jubilados jadeantes
Contemplaban, escépticos,
Los brincos mal filmados de parejas lascivas;
Sin ningún argumento.

He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
El auténtico rostro.
Seductores, algunos; esos siempre seducen,
Los otros sobrenadan.

El destino no existe ni la fidelidad,
Mera atracción de cuerpos.
Sin apego ninguno, sin ninguna piedad,
Juegan y se desgarran.

Seductores algunos, por ende, codiciados,
Llegarán al orgasmo.
Hartos ya, tantos otros, no tienen ni siquiera
Deseos que ocultar;

Sólo una soledad que acentúa el impúdico
Goce de las mujeres;
Tan sólo una certeza: "Eso no es para mí",
Pequeño drama obscuro.

Morirán es seguro algo desencantados,
Sin ilusiones líricas;
Practicarán a fondo el arte de despreciarse,
De modo bien mecánico.

A quienes nunca fueron amados me dirijo,
A quienes no gustaron;
A los ausentes todos del sexo liberado,
Del placer ordinario;

No temáis nada, amigos, mínima es vuestra pérdida:
No existe, no, el amor.
Es sólo un juego cruel cuyas víctimas sois;
Juego de especialistas.

martes, 1 de mayo de 2007



Nota !: Para la correcta lectura de este texto, escuchen la siguiente canción (el video no es interesante, con la canción en vuestro oídos basta)


http://www.youtube.com/watch?v=t8KEURmos18


Nota 2: Disculpen mi torpeza. No se poner un link aunque si copian y pegan la dirección en el navegador les remitirá directamente donde les indico.Gracias





Cantad humanos, cantad mientras la sangre siga desplazandose por vuestros ruines cuerpos.

Mensaje para todos los hombres que conforman el planeta Tierra.

En el abismo de las lagunas obscuras del alma humana, reside un monstruo sempiterno que busca la complejidad de nuestra psique con la misión de destruirla.

Reyes y caballeros de todas las épocas fenecieron ante tan pavoroso ser. Sus espíritus aún vagan por la estratosférica Estigia. ¿Quién derribará la magnífica obra del Caído? ¿Cuán ardua será la batalla que libren?

En tanto, los mundanos hombres que poblamos el mundo, merodeamos por anchos caminos de Falsedad, labramos la tierra del Hambre, construimos los hogares de la Muerte.

Mañana todo habrá acabado. Aún estas a tiempo. Falta poco, sí, pero queda tiempo. Los hombres necesitan de tu ayuda. Todo está en juego.

Tú decides.



lunes, 30 de abril de 2007




Nada es más mezquino que la sinceridad. Cada partícula que se desintegra, eón tras eón, supera con creces cualquier acto humano.
No creo en trincheras ni revoluciones, paz ni guerra; el único arma que se sostiene entre las aguas del mar es nuestra propia infelicidad.

INEXPRESIÓN DEL ROSTRO HUMANO

En las ciénagas de tu corazón,

lóbrego e impasible,

renace, penetrante,

los germanos que fueron subyugados.

Tu palabra, sencilla y asesina,

acusadora de toda cordura amorosa,

dispara abejas

contra el alma que te fue regalada.

Cantas la canción de tus sesos:

“Lirios de gota de lluvia, ángel sobre mí,

¿para qué os quiero?

soy libre, libre para vivir”.

Tus pies, fríos como el odio,

caminan, ven paisajes;

lugares insondables que perecen bajo piel.

No hay dios, no hay nada;

sólo tú.

Libre.

LIBRE.

Cantas la canción de tus sesos:

“Lirios de gota de lluvia, ángel sobre mí,

¿para qué os quiero?

soy libre, libre para vivir”.

Tú, sabedora de todas las leyes,

inexpresión del rostro humano,

carente de todo.

No me hables de amor,

no me hables de verdades,

que aún no te das cuenta

de que mil ofrendas, mil viajes,

¡MIL LIBERTADES!,

son sólo vacuidad frente a mí.

Que yo te juré eternidad

y un mundo nuevo para vivir.




sábado, 28 de abril de 2007


Comprendo tu tristeza, tus miedos, tus reproches. Yo lo comprendo todo.
Mira a la ventana, joven maestro de la ironía, que en este mundo atestado de hipocresía, de intolerancia, de sueños rotos, aún queda un breve aliento de razón.

A ti y para ti. Por estar, por ser, por creer en ELLA y a ratos en mí.

PUÑALES EN LA GARGANTA

Cuéntame que anoche

vendiste tu sexo

a los hombres de las calles miserables.

Cuéntame que robaste

las alas de los ángeles

que tu vientre araron.

Cuéntame que despedazaste

las aguas del río

que te vio nacer.

Cuéntamelo todo.

Así podré clavarme un puñal en la garganta

para sangrar inmensidades.

Haz estallar en mil hojas

las ciudades orientales

que ayer declinaron.

Haz rajar el gaznate

de los indios

de los que te despojaste

Haz que los suspiros

repriman el llanto

de los dioses.

Hazlo todo.

Así podré clavarme un puñal en la garganta

para sangrar inmensidades.

Impón el canto

del papel en blanco

que ayer humeaba.

Impón cuchillas de celofán

ausentes de todo

entre vanidades.

Impón troncos mutilados

en el suelo

de la tierra mojada.

Imponlo todo.

Así podré clavarme un puñal en la garganta

para sangrar inmensidades.

…Mátame…

Si tienes aún fuerzas para remar…

martes, 24 de abril de 2007



No se ría. Mantenga la calma. Se que es difícil pero inténtelo.

Ante usted y para usted, le muestro este escaso articulillo, en primicia, sobre un tema interesantísimo (no se vaya a reír que va usted muy bien): el Foro Romano.

Si la suerte acompaña (que sin ser engreído se que acompañará porque para algo me lo encargaron a mí directamente) verá la luz, esta amalgama de palabras, el mes que viene en la revista Alcazaba (una publicación más; la décima) a pesar de que la temática no acompaña ni tampoco la jodida extensión ( que en este artículo no ha podido ser menos). En fin, ahí va.


Hace ya algunos años, la profesora de latín nos mostraba la singularidad de la planificación urbanística de la antigua Roma: un trazado rectangular y cuadriculado, con series de calles que se cruzaban perpendicularmente formando una red viaria dominada por la simetría. Y en el centro de toda esta parafernalia, en el corazón mismo de la ciudad, el Foro.

Cualquier historiador, por mediocre que pueda ser, podría detallarnos con cierta precisión todo lo que componía el foro aunque nadie sería capaz de revelarnos qué se sentía al estar allí, los olores, los colores que predominaban ante los sentidos de los ciudadanos romanos.

Los negocios, las administraciones jurídicas, los templos religiosos, la prostitución, los comercios… y quién sabe si también nos encontraríamos al mismísimo César al caminar por sus calles. Nadie nos lo pude asegurar.

Aún así, Roma nos ofrece un recuerdo magnífico de todo lo que fue aquella clásica ciudad: la Curia Hostilia (sede del Senado), el Arco de Tito con sus relieves que nos apuntan a una lejana victoria contra rebeldes judíos, el Arco de Septimio Severo, una gran cantidad de templos dedicados a sus dioses ( Júpiter, Saturno, Vesta), la Regia (sede del colegio de pontífices)…y cruzando el Foro Romano, la Vía Sacra, que llega hasta el imponente Coliseo.

Una soberbia urbe que mantiene viva, tras largos siglos, la llama de lo que un día fue. Y desde su centro neurálgico, entre modernos spots publicitarios y restaurantes atestados de espaguetis y pizzas, la fuerza del imperio. El Imperio Romano.


jueves, 19 de abril de 2007


Para ti, maldito bastardo. Para ti, que me sonríes aún estando muerto.


Mosaico de una muchacha de rostro pálido

Cuando resucité de aquel letargo mi lecho sentíase henchido de sudores; mis pies, desnudos, se posaron sobre la alfombra de aquella execrable habitación dirigiéndose hacia una añeja ventana que tiritaba de terror. Observando a través de ella, a través de la nebulosa que embriagaba aquella nonada mañana… la vi… desorganizando la parquedad que pertinazmente había logrado con el transcurso de los años.
Ataviada con un largo manto negro, caminaba meditabunda; la galena aullaba de furia; y yo, con mi mezquino atuendo, rebosando lágrimas en mi alma, loco, muerto, eufórico…sangrando tristezas, salí a su búsqueda.
Logré aprehenderla del brazo izquierdo y… lentamente… muy lentamente… como si el temor de una arcana alevosía llamara a su puerta… se giró, dándose la vuelta. Mi funesta mirada se tropezó con la suya; sus ojos, grises azulados, ajaron mi alma de una sola cuchillada, haciéndome recordar la ignominia de mi pasado; su efigie reflejaba la palidez que incluso en su juventud había poblado toda su dermis… una palidez que mostraba que aún seguía teniendo el rostro más tétrico de la ciudad.

- No hay nada de lo que arrepentirse, mi amor- dijo, suavemente, como una diminuta ventisca que acariciaba mis labios- El tiempo cubre de escarcha los antiguos errores. Ya todo carece de importancia. Volvemos a encontrarnos. Solos. Tú y yo.

Iracundo frente a ella, sus ojos continuaban arrasando los míos, abatiéndome, enterrándome en la más absoluta pusilanimidad. Mis cuerdas vocales se resquebrajaron ante sus palabras, la imposibilidad de su presencia derrumbaba toda probabilidad de sosiego.
Su piel, pálida, guardaba todavía aquellos años de la “vie Bohème” que compartimos en las aceras del arcaico Londres. ¡Dios! por qué ahora… ahora que la había olvidado… ahora que mi amor hacia ella se había eclipsado… por qué ahora vuelve, extirpándome el corazón, de nuevo, para hacerlo suyo.
Una sequedad interna colmaba mi ser y así, silencioso e inconsciente de todos mis actos, tomé su mano y comenzamos a caminar… Las calles y las horas corrían velozmente tras nuestros pasos mientras nuestros pensamientos se clavaban en las losas del suelo londines.
El crepúsculo sucumbió, noqueándonos sobre una estigia calzada donde sentados, el vino, comprado en una añeja taberna, corrompía nuestras gargantas y allí… allí… absortó y tiznado por el alcohol, mi mano se deslizó entre sus piernas, sinuosamente, mis labios descansaron sobre sus pechos, violentamente, y así… extasiados por la lujuria y por la impúdica libertad que produce la embriaguez, me observé arrancándole su incólume flor.
Vencidos y deshidratados por nuestra sexualidad, tendidos, desalmados, el sueño, enfurecido, triunfó.
Sólo recuerdo que mis sueños eran invadidos por extrañas formas carentes de significación. Fuertes colores, rojos cobrizos…mil tonalidades rojizas. Todo era rojo.

Finalmente y empapado de sudor, un día más como tantos, desperté. El amanecer poseía un cierto símil con el día anterior, teñida de un densa capa de niebla; la calle exhalaba un tartáreo hedor que me producían unas nauseas agonizantes. Sintiéndome desposeído de este mísero mundo decidí o quizás fue un acto reflejo, quien sabe, mirar de soslayo a mi amada… Había desaparecido. Su cuerpo se había desvanecido, sus labios, su vientre, todo… tan sólo algo que no recordaba se sostenía sobre el suelo…
¡Ay! se que me tomaran por loco pero allí tendido lo único que se encontraba era un esqueleto, el cual era el verdadero artífice de aquel pérfido olor. Cerré los ojos, creyendo que todo era una trágica pesadilla. Los cerré más y más fuerte. Retomé la acción de abrirlos y volví a mirar… el cadáver putrefacto seguía a mi lado… volví a cerrar los ojos y entonces recordé, espantado por mi mismo, que allí yacía el cuerpo de mi prometida, esquelético, cadavérico, ruin…
¡Ah! No entiendo porque les dije que me tomarían por loco cuando lo cierto es que tan sólo un verdadero loco, como yo, volvería a buscar el cadáver de una mujer que depositó, diez años atrás, en una obscura callejuela del fatal Londres.

miércoles, 18 de abril de 2007


Salta en el desierto un veneno parlante. Habla, tú respondes.


TU (OU UN POÈME DANS UNE PROSE SURRÉALISTE ENTRE DEUX SOUPIRS)

TÚ (O POEMA EN PROSA SURREALISTA ENTRE DOS SUSPIROS)

QUINZE ANS: une place du deux mai: UNE ABSTRACTION

Les Sourires dans l'agonie des drogues. Un alcool et une folie dans une nuit d'hiver. Un feu et des chants. Une angoisse réprimée. Tard. Des cris. Mourir à Madrid.
Dans le coucher des dieux païens aucuns ils dansaient entre cannabis et des massues au vent, en grattant la luxure de "je tu veux". Je ne crois pas en vérités. Cela était vrai.
Des chaînes. Punk. Des plaques de Mercedes volées. Rastas. Piercings.
Des vérités incertaines : Sentir que tu vas n'est pas de sentir, on est de mentir.

Il n'y avait rien.
Une exclusivité ?
Tu taches d'un carmin tachées de noir du café du petit déjeuner.





(QUINCE AÑOS: Dos de Mayo: ABSTRACCIÓN

Sonrisas en la agonía de las drogas. Alcohol y locura en una noche de invierno. Fuego y cantos. Angustia reprimida. Tarde. Gritos.
Morir en Madrid.
En el ocaso de los dioses paganos algunos danzaban entre cannabis y mazas al viento, raspando la lujuria del “te quiero”.
No creo en verdades. Aquello era Verdad.
Cadenas. Punk. Chapas de Mercedes robadas. Rastas. Piercings.
Verdades inciertas: Sentir que sientes no es sentir, es mentir.

No había nada.
¿Exclusividad?
Manchas de betún tiznadas del café del desayuno.)




VINGT-ET-UN ANS : près de la place le deux mai : UNE AVERSION AMOUREUSE

Un chapeau ridicule. Un rire ivre. Un doigt dans la joue : un baiser. Donne-moi un dé à coudre. Je préfère être comme Peter Pan. Wendy. Peut-être je préfère te voir comme Sainte Thérèse de Jesús. Qui est-ce qui sait. Il est possible que si tu étais elle je cagaría chez le Dieu devant ton visage, il te cracherait, il te frapperait … le Dieu n'existe pas pourquoi tant de violence ?

Cette nuit je n'ai pas rêvé de tes caresses dans mon visage. Je n'ai pas dormi. Cependant, la nuit passe à ton côté, Wendy. Des iris sauvages, une fleur de lion.
Une sainte Thérèse.
La Pasionaria ?



(VEINTIUN AÑOS: cerca del Dos de Mayo: AVERSIÓN ENAMORADA

Sombrero ridículo. Risa embriagada. Un dedo en la mejilla: un beso. Dame un dedal. Prefiero ser como Peter Pan. Se Wendy.
Quizás prefiero verte como Santa Teresa de Jesús. Quién sabe. Puede que si fueras ella me cagaría en Dios delante de tu cara, te escupiría, te golpearía…
Dios no existe (o sí) ¿por qué tanta violencia?

Esta noche no soñé con tus caricias en mi rostro. No dormí. Sin embargo, pase la noche a tu lado, Wendy. Lirios salvajes, flor de león.
Santa Teresa.
¿La Pasionaria?)

UNE CONCUPISCENCE TRANSFÉRÉE : près de l'inconsistance : TU

Je vomis sur les colombes,
des nuits étoilées,
des océans orgásmicos,
suicidaires du romantisme.

Je nourris la misère,
la mort sans discours,
des capotes anglaises exténuées,
mon sexe et ta langue.

Tu emportes de la main l'enfance enveloppée de larmes. Les poitrines oubliées. Le clitoris trahi par mille mains. Une cocaïne dans tes mots. Un héroïne dans mes oreilles.

Un rhum, un rhum, un rhum, une tequila, un rock and roll … : tu!

Les culottes ensangrentadas (huit mille deux cent cinquante-trois découragement), le poil(cheveux) au vent, au vent: au Vent! Un monde dans chaque sourcil, l'expiré entre mes jambes. L'embrassade à la nostalgie de tes grilles, de l'intelectualismo démoli par ton unexpressivité.

Un rhum, un rhum, un rhum, une tequila, un rock and roll … : tu!



(CONCUPISCENCIA TRANSFERIDA: junto a la vacuidad: TÚ

Vomito sobre las palomas,
noches estrelladas,
océanos orgásmicos,
suicidas del romanticismo.

Acaricio la miseria,
la muerte sin discurso,
condones consumidos,
mi sexo y tu lengua.

Llevas de la mano la niñez envuelta en lágrimas. Los pechos olvidados. El clítoris traicionado por mil manos. Cocaína en tus palabras. Heroína en mis oídos.

Ron, ron, ron, tequila, rock and roll… ¡Tú!

Las bragas ensangrentadas (ocho mil doscientos cincuenta y tres desalientos), el pelo al viento, al viento, ¡Al Vent! Un mundo en cada ceja, lo expirado entre mis piernas. El abrazo a la nostalgia de tus rejas, el intelectualismo derrocado por tu inexpresividad.

Ron, ron, ron, tequila, rock and roll… ¡Tú!)