sábado, 28 de abril de 2007


Comprendo tu tristeza, tus miedos, tus reproches. Yo lo comprendo todo.
Mira a la ventana, joven maestro de la ironía, que en este mundo atestado de hipocresía, de intolerancia, de sueños rotos, aún queda un breve aliento de razón.

A ti y para ti. Por estar, por ser, por creer en ELLA y a ratos en mí.

PUÑALES EN LA GARGANTA

Cuéntame que anoche

vendiste tu sexo

a los hombres de las calles miserables.

Cuéntame que robaste

las alas de los ángeles

que tu vientre araron.

Cuéntame que despedazaste

las aguas del río

que te vio nacer.

Cuéntamelo todo.

Así podré clavarme un puñal en la garganta

para sangrar inmensidades.

Haz estallar en mil hojas

las ciudades orientales

que ayer declinaron.

Haz rajar el gaznate

de los indios

de los que te despojaste

Haz que los suspiros

repriman el llanto

de los dioses.

Hazlo todo.

Así podré clavarme un puñal en la garganta

para sangrar inmensidades.

Impón el canto

del papel en blanco

que ayer humeaba.

Impón cuchillas de celofán

ausentes de todo

entre vanidades.

Impón troncos mutilados

en el suelo

de la tierra mojada.

Imponlo todo.

Así podré clavarme un puñal en la garganta

para sangrar inmensidades.

…Mátame…

Si tienes aún fuerzas para remar…

1 comentario:

Ohkan dijo...

Hora de intentarlo. A ver qué sale.

Ya te lo he dicho, me ha gustado mucho esta entrada. Me parece... me parece algo para lo que tendría que aprender una nueva palabra para describirlo.

Y mira que lo intento. En mi cabeza un montón de ideas se pelean por salir y obtener su lugar en el mundo a través de mi teclado.

La verdad es que me siento estúpido aquí, pensando qué ponerte, pensando en alguna manera rebuscada de decir algo cuando, seamos sinceros, expresándome soy más simple que el mecanismo de un botijo. Así que, cuando sea algo más complejo expresándome ya lo haré. Ahora te diré que es muy bueno, que es lo único que se me ocurre; una definición simple, clara y sincera. A fin de cuentas es lo que importa.

Gracias por recordarme que aún queda algún cuerdo tras esta locura cotidiana que es el mostrar una fachada al mundo para que no vean como es tu interior.
Y por muchas cosas más. Por las que ya te he dicho; por las que te diré; y por las que nunca saldrán de mi boca o mis dedos.

Y ya sabes que te contaría que vendí mi sexo a los hombres de las calles miserables, pero... es que en el fondo no eran tan miserables ;-)

Y sí, algún día te mataré. Un buen caballero nunca deja sus promesas sin cumplir.


P.D. Yo siempre creo en ti, no solo a ratos.